Procesamiento sensorial en niños y niñas: señales que conviene observar y cómo puede ayudar la Terapia Ocupacional

Procesamiento sensorial en niños y niñas

Procesamiento sensorial en niños y niñas: señales que conviene observar y cómo puede ayudar la Terapia Ocupacional

Hay niños y niñas que se tapan los oídos cuando pasa una moto, lloran cuando se ponen ciertas prendas de ropa, buscan moverse constantemente, evitan mancharse las manos o parecen no darse cuenta cuando alguien les llama por su nombre.

Ante estas situaciones, es frecuente escuchar frases como “está exagerando”, «es muy sensible» o «todo le molesta».

Sin embargo, estas interpretaciones no siempre reflejan lo que realmente está ocurriendo. Desde la Terapia Ocupacional sabemos que estas conductas pueden estar relacionadas con la forma en que el cerebro recibe, organiza, interpreta y responde a la información que llega a través de los sentidos. Comprender este proceso ayuda a entender por qué determinadas situaciones del día a día pueden resultar especialmente difíciles para algunos niños y niñas y pone de manifiesto la importancia de realizar una valoración individualizada.

Por eso, antes de poner una “etiqueta”, es importante comprender qué hay detrás de esas respuestas.

Conocer cómo funciona el procesamiento sensorial nos ayuda a entender mejor las necesidades de cada niño o niña, evitar interpretaciones erróneas y ofrecer un acompañamiento más ajustado y respetuoso.

¿Qué es el procesamiento sensorial?

El procesamiento sensorial es el proceso mediante el cual nuestro sistema nervioso recibe, organiza, interpreta y responde a la información que llega desde el entorno a través de nuestros sentidos. 

Cuando pensamos en los sentidos, normalmente nos vienen a la cabeza cinco: la vista, el oído, el tacto, el gusto y el olfato. Sin embargo, nuestro cuerpo cuenta con otros tres sistemas sensoriales que, aunque son menos conocidos, desempeñan un papel fundamental en nuestro día a día. Uno de ellos es el sistema vestibular, que nos ayuda a mantener el equilibrio y a percibir el movimiento. Otro es el sistema propioceptivo, gracias al cual sabemos dónde están las distintas partes de nuestro cuerpo sin necesidad de mirarlas. El tercero es el sistema interoceptivo, encargado de informarnos sobre lo que ocurre en el interior del organismo, por ejemplo, si tenemos hambre, sed o necesitamos ir al baño. Todos estos sistemas disponen de receptores sensoriales especializados que captan información tanto del entorno como del propio cuerpo y la envían al cerebro. Allí, esa información se integra y procesa para que podamos interpretar lo que sucede y responder de la manera más adecuada.

En la mayoría de los niños y niñas este proceso ocurre de forma automática. Sin embargo, en algunos casos pueden aparecer alteraciones del procesamiento sensorial, haciendo que determinados estímulos resulten difíciles de interpretar o responder de manera adaptativa.

Estas diferencias no son un diagnóstico, sino una forma distinta de procesar la información que llega a través de los sentidos. Aunque forman parte de la diversidad humana, pueden influir en actividades cotidianas como jugar, aprender, comer, participar en clase, relacionarse con los demás o gestionar las emociones.

¿Por qué no siempre hablamos de «hipersensibilidad»?

Uno de los errores más frecuentes es pensar que cualquier niño o niña que reacciona intensamente ante determinados estímulos tiene hipersensibilidad sensorial.

La realidad es bastante más compleja.

Desde la Terapia Ocupacional entendemos que las respuestas sensoriales pueden manifestarse de diferentes maneras y que una misma conducta en dos peques diferentes puede tener explicaciones muy distintas

Por ejemplo, un peque que se tapa los oídos cuando entra en un comedor escolar puede estar respondiendo porque determinados sonidos le resultan especialmente intensos, pero también porque el ruido de fondo, las conversaciones y los sonidos simultáneos saturan su capacidad de procesamiento.

Del mismo modo, un niño o una niña que está en constante movimiento no necesariamente presenta «hiperactividad”. En algunos casos, esa conducta responde a una necesidad de recibir más información propioceptiva o vestibular para favorecer la regulación y organización de su cuerpo. 

Por eso, observar una conducta aislada nunca es suficiente para sacar conclusiones.

Es necesaria una valoración global que tenga en cuenta el desarrollo del niño o la niña, su contexto y entorno, su participación en las actividades cotidianas, las exigencias de la tarea y el impacto real que estas respuestas tienen en su bienestar.

¿Qué señales pueden hacernos pensar que existe una alteración en el procesamiento sensorial?

Cada niño o niña es diferente. No existe una lista de señales que confirme por sí sola la presencia de una alteración del procesamiento sensorial.

Sin embargo, sí existen algunas conductas que pueden ser un motivo para observar con mayor atención, especialmente cuando son persistentes, aparecen en diferentes contextos o interfieren en la vida diaria.

Algunas de estas señales pueden ser:

  • Se tapa los oídos con frecuencia ante determinados sonidos.
  • Rechaza algunas prendas por cómo las siente sobre la piel.
  • Evita determinadas texturas en los alimentos o durante el juego.
  • La variedad de alimentos que come está restringida. 
  • Parece buscar movimiento constantemente.
  • Se muestra muy incómodo en espacios con muchos estímulos.
  • Tiene dificultades para permanecer sentado cuando la actividad lo requiere.
  • Se sobresalta fácilmente o, por el contrario, parece no reaccionar ante algunos estímulos como cuando le llaman por su nombre.
  • Presenta una necesidad intensa de tocar, empujar, chocar o manipular objetos.
  • Algunas actividades cotidianas, como cortarse las uñas, lavarse o cortarse el pelo o cepillarse los dientes, generan un malestar importante.

Lo realmente relevante no es que aparezca una de estas conductas de forma puntual, sino cómo afectan a su participación en las actividades cotidianas, a su bienestar y a su calidad de vida.

Hay muchos factores que conviene tener en cuenta

Una de las ideas más importantes que me gustaría transmitir como terapeuta ocupacional es que no todas las respuestas intensas tienen un origen sensorial.

El cansancio, el hambre, el estrés, la ansiedad, un cambio de rutina, una enfermedad o incluso el momento evolutivo en el que se encuentra el niño o la niña pueden influir en la forma en que responde a los estímulos.

Por ello, la identificación de posibles alteraciones del procesamiento sensorial requiere una evaluación integral que permita determinar si las conductas observadas responden a dificultades de procesamiento sensorial o si están relacionadas con otros factores, como aspectos conductuales. 

También es importante recordar que las diferencias sensoriales pueden aparecer tanto en niños y niñas con desarrollo típico como en diferentes condiciones del neurodesarrollo.

Por ejemplo, en algunos niños y niñas con Trastorno del Espectro Autista (TEA), estas diferencias forman parte de su perfil y pueden influir significativamente en su participación diaria en casa y en el colegio. Si quieres profundizar específicamente en este tema, puedes leer nuestro artículo sobre estrategias de regulación sensorial en niños y niñas con TEA.

No obstante, siempre con la mente puesta en: 

“Cada caso es único y requiere una valoración individualizada.”

¿Cuándo conviene consultar con un profesional?

No todas las diferencias sensoriales requieren intervención profesionalizada.

Durante el desarrollo infantil es normal que existan preferencias, rechazos o momentos en los que determinados estímulos resulten más molestos.

Sin embargo, sí es recomendable solicitar una valoración cuando estas respuestas:

  • Interfieren en las actividades cotidianas.
  • Dificultan la participación en casa, en el colegio o en otros entornos.
  • Generan un elevado nivel de malestar en el niño/a o en la familia.
  • Afectan a la alimentación, el descanso o el juego.
  • Provocan una desregulación emocional frecuente.
  • Limitan las relaciones con otras personas o la autonomía del niño o la niña.

Una evaluación realizada por profesionales especializados en integración sensorial permite comprender qué está ocurriendo realmente y diseñar un plan de intervención adaptado a las necesidades de cada familia.

¿Cómo puede ayudar la Terapia Ocupacional?

Desde la Terapia Ocupacional no buscamos que un niño o una niña «tolere» aquello que le genera malestar sin más.

Nuestro objetivo es comprender cómo procesa la información sensorial, cómo influye en su participación diaria y qué apoyos pueden facilitar que desarrolle sus actividades con mayor bienestar, autonomía y seguridad.

Para ello realizamos una valoración individualizada que tiene en cuenta no solo las respuestas sensoriales, sino también el juego, la alimentación, la autonomía, la participación escolar, el contexto familiar y los intereses del niño o la niña.

A partir de esa información diseñamos una intervención adaptada a sus necesidades, siempre desde un enfoque funcional.

Si quieres conocer con más detalle cómo trabajamos este tipo de dificultades, puedes visitar nuestro servicio de Terapia Ocupacional Infantil, donde encontrarás información sobre nuestra forma de intervención y el trabajo interdisciplinar que realizamos en AIRe Valencia.

¿Qué pueden hacer las familias mientras tanto?

Aunque cada situación es diferente, existen algunas recomendaciones generales que pueden resultar útiles mientras se realiza una valoración profesional.

Observa antes de interpretar

Intenta identificar cuándo aparecen determinadas conductas, qué ocurre antes, cómo responde tu hijo o hija y qué parece ayudarle después.

Valida lo que siente

Frases como «Veo que este ruido te resulta muy molesto» ayudan mucho más que minimizar su experiencia o pensar que simplemente está exagerando.

Obviamente, es esencial evitar forzar situaciones que generan un malestar intenso.

Exponer de forma repetida a un estímulo sin comprender qué está ocurriendo no suele favorecer la regulación y, en algunos casos, puede aumentar la ansiedad.

Habla con el colegio

Compartir información con el equipo educativo, especialmente si hay una figura de orientación, puede facilitar pequeñas adaptaciones que mejoren significativamente la participación del niño o la niña.

No compares

Cada niño y cada niña procesa el mundo de una forma diferente. Lo importante no es que responda igual que otros, sino comprender cuáles son sus necesidades y cómo podemos favorecer su participación.

¿Qué dice la evidencia científica actual? 

En los últimos años, la investigación sobre el procesamiento sensorial ha avanzado de forma significativa. Gracias a ello, hoy sabemos que las diferencias en la forma de procesar la información sensorial pueden influir en cómo un niño o una niña participa en su vida diaria, pero no deben interpretarse de forma aislada ni utilizarse para sacar conclusiones diagnósticas.

Las principales organizaciones científicas y profesionales coinciden en varios aspectos fundamentales:

  • La European Academy of Childhood Disability (EACD) recomienda realizar una valoración global del desarrollo infantil, evitando atribuir una conducta concreta únicamente al procesamiento sensorial.
  • El Royal College of Occupational Therapists (RCOT) señala que las diferencias en el procesamiento sensorial pueden afectar a la participación en las actividades cotidianas y que la intervención debe ser individualizada, centrada en la persona y basada en la mejor evidencia disponible.
  • La American Occupational Therapy Association (AOTA) reconoce que las intervenciones basadas en Ayres Sensory Integration®, cuando son realizadas por terapeutas ocupacionales formados y siguiendo criterios de fidelidad, cuentan con evidencia para determinados perfiles infantiles y siempre deben partir de una evaluación individualizada.
  • El modelo Ayres Sensory Integration® Fidelity Measure establece los criterios que permiten garantizar que una intervención pueda considerarse realmente basada en este enfoque, diferenciándose de otras actividades sensoriales o propuestas no estructuradas.
  • Tanto las guías del National Institute for Health and Care Excellence (NICE) como las recomendaciones de diferentes sociedades científicas insisten en que las decisiones terapéuticas deben centrarse en mejorar la participación, la autonomía y la calidad de vida del niño o la niña, y no únicamente en reducir una conducta concreta.
  • En España, el Consejo General de Colegios de Terapeutas Ocupacionales defiende una práctica clínica basada en la evidencia científica, el razonamiento clínico y la individualización de la intervención, principios que forman parte de la esencia de la Terapia Ocupacional.

En definitiva, hoy sabemos que comprender cómo procesa la información sensorial un niño o una niña requiere una mirada amplia, rigurosa e individualizada. 

Por eso, antes de hablar de «hipersensibilidad» o de cualquier otra etiqueta, es fundamental realizar una valoración profesional que permita entender qué está ocurriendo realmente y cómo favorecer su participación en las actividades de la vida diaria.

Detrás de una conducta que nos llama la atención puede haber distintas formas de procesar la información, y comprenderlas requiere una mirada individualizada, respetuosa y basada en la evidencia.

Como terapeuta ocupacional, considero que el primer paso no es buscar etiquetas, sino entender cómo esas respuestas influyen en la vida cotidiana del niño o la niña y qué podemos hacer para ayudarle a participar con mayor bienestar en su día a día.

Autor

  • Talía Díaz Terapeuta ocupacional AIRe Valencia

    Thalía Díaz es Terapeuta Ocupacional en AIRe Valencia, graduada en Terapia Ocupacional por la Universidad Miguel Hernández y con un Máster en Neurología en Terapia Ocupacional. Además, cuenta con formación complementaria en el modelo DIR/Floortime, Basale Stimulation y abordaje de las dificultades de alimentación en la infancia, lo que le permite ofrecer una atención integral y adaptada a las necesidades de cada persona desde un enfoque centrado en la participación, el desarrollo y el bienestar.

    Desarrolla su labor con población infantil, adulta y geriátrica, acompañando a las personas y sus familias para favorecer su autonomía, participación y calidad de vida mediante intervenciones individualizadas y basadas en la evidencia científica.

    Conoce más sobre su formación y trayectoria profesional en su perfil de AIRe Valencia.